lunes, 22 de agosto de 2016

Para mi primo Titín



Guillermo Alfredo Romero Fernández - Miranda, Titín
Titín y yo en Amsterdam
Cuando era pequeño, solía pensar que los primos-hermanos se llamaban así porque eran mitad primos y mitad hermanos; y que dependiendo de la relación eran más primos, o más hermanos… Evidentemente, para mí Titín era más hermano que primo, era mi hermano mayor, con el que me peleaba, el que se metía conmigo y el que, a la vez, siempre que podía me llamaba, el que más jugaba conmigo y con el que más planes hacía. 
Titín de pequeño
Todo era bonito, todo eran risas, alegría, sonrisas y buenos momentos… Hasta que el 14 de agosto su corazón dejó de latir durante la noche y no despertó… Probablemente el día más triste que recuerdo. Pero quizá sea bonito hacer balance y tener muy claro quién era mi primo Titín. 

Titín, junto a sus 2 hijas Eba y Enea y su sobrina Laura
Sobra decir que era el mejor (primo) hermano del mundo. Porque era único. Éramos capaces de pelearnos, de insultarnos, siempre de broma, de regañarme y al minuto darme un abrazo muy fuerte (de los que casi hacen daño) y hacer que se me pasara el enfado. Tenía esa sensibilidad especial, que pocas personas poseen, para, con una mirada y un fuerte abrazo, tocar el corazón y hacer que todo fuera maravilloso a su lado. 

Por eso, cuando pienso en él, cuando pienso en todo lo que hemos vivido, me inunda un precioso sentimiento de amor, de nostalgia y de cariño hacia él… Porque a su lado he pasado momentos inolvidables e inmensamente felices. 

Titín haciendo puenting
Recuerdo nuestra presentación… O quizá no lo fue, pero para mí es el primer recuerdo que tengo suyo… Estábamos unos cuantos primos en Benidorm, con los abuelos… Yo salía hacia la terraza y él, 11 años mayor que yo, quizá tenía 15, me hizo una pequeña zancadilla. Ahora pienso que fue un acto más en clave de humor. Mi otro primo, su hermano, Marcos le regañó; recriminándole que “sólo es un niño” mientras yo lloraba esperando a que volviera la Tita (mi abuela) para que me consolara y pusiera justicia allí. 

Titín partiéndose de risa junto a mis primos Elena y Eduardo
Quizá no parezca la mejor presentación del mundo, pero para mí es un recuerdo imborrable, un recuerdo único, un recuerdo que sembró una de las más bonitas relaciones entre primos, ¿qué digo primos? Hermanos, que han existido nunca… 


Titín y su hermano Marcos
Los años iban pasando… Yo no le veía durante el año, puesto que vivía en España y él en Bruselas… Por lo que nuestros encuentros se reducían a reuniones familiares en navidad y otros pocos en verano… En ellos siempre veía a Titín casi tan alto, o más, que Eduardo (su hermano y mi primo mayor, al que siempre todos admirábamos). Crecía en altura, pero continuaba siendo ese “gamberro” con mil chascarrillos propios de Rute, el pueblo natal de su padre y donde solía pasar temporadas en vacaciones, con ese aire desenfadado y divertido que siempre le caracterizó.

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Lo primero que hacía era cogerme y ponerme bocabajo, mientras yo me revolvía e intentaba pegarle como fuera. Eso sí, quiero aclarar que desde la zancadilla nunca más volvimos a enfadarnos seriamente, ni a existir ningún tipo de violencia real en nuestras pequeñas “luchas”. Después, intercambiábamos algunos insultos característicos entre ambos (y copio textualmente de uno de los últimos mensajes que me envió): farfollas, cochino, membrillo, melón, marmolillo, garrulillo, merluzo, Nicotina, mamarracho, monicaco, besugo, pardillo, zoquete, lechuguino, pazgüato, lerdo, patán, soplagaitas, mamahuevo, zángano, pichafloja… A la vez que me decía, con acento andaluz, “ven a darle un beso a tu primo, que eres lo más feo de España… La última vez que te vi no me llegabas por la rodilla… Y ahora te has hecho un granuja de los más grandes”, para después amenazarme con “ponerme el culo como un tomate” y terminar fundidos en un fuerte abrazo. Risas, imitaciones de Nati, de famosos (Aznar, Felipe González, Jesulín…) y cánticos de canciones de un disco que le grabé en el año 2000 (con Ska-p y todo tipo de mamarrachadas que me gustaban en esa época). Seguramente sea una de las pocas personas que no sólo lo escuchó con asiduidad, sino que además se sabía todas y cada una de las canciones del disco; de ahí que siempre que tenía la oportunidad me las cantara… Más aún, su hija Eba, la mayor, canta siempre que la veo la canción de “resistencia” de Ska-p con gran naturalidad con la mirada atenta y orgullosa de un padre que ha enseñado algo divertido a su hija…

Titín junto a nuestro primo Pablo y yo. Ellos con sus hij@s y yo con la Laura, la hija pequeña de Elena, mi prima.
Siempre, tras ese encuentro inicial existía el momento de ponernos al día… Cómo nos iban nuestros trabajos (y previamente mis estudios), el aspecto sentimental (novias, amigos, familia…) y los planes futuros de viajes o juergas que teníamos pendientes de disfrutar juntos. Aquí, no tengo 1, sino miles de recuerdos… Qué de vivencias quedarán siempre en nuestros corazones, qué de aventuras hemos tenido el gusto de vivir… 

Titín y su hermana Elena
Titín es una persona excepcional. No sólo como primo, como hermano, como hijo, como amigo, sino también como padre. Fue capaz de renunciar a un trabajo en el BEI (Banco Europeo de Inversiones) para trabajar por menos de la mitad de su sueldo en una ONG (ACNUR) y así poder estar cerca de sus hijas… Renunciando así a su vida burguesa en Luxemburgo donde ya tenía su círculo de amigos y a su hermana Elena, con la que siempre estuvo inmensamente unido. 

Titín y Kattalin
También es el único capaz de casarse vestido de tuareg, porque según me contó, una vez se lo prometió a uno que conoció… Imaginad la cara de toda la familia cuando nos enteramos. Probablemente existan pocas personas tan auténticas, tan peculiares y tan entrañables. 

Titín vestido de Tuareg

Tenía una forma de ser muy peculiar y característica. Siempre con su estilo canalla, pero con un corazón inmenso, de esos que no existen en el mundo. Y digo esto a sabiendas de que todo el mundo creerá que es “lo típico que se dice de las personas cuando se van”; pero es verdad, es un hecho irrefutable. Y cualquier persona que le conociera estaría 100% de acuerdo en ello. Un aspecto muy interesante para resaltar era su tremenda sinceridad y según sus propias palabras “yo siempre soy sincero y digo la verdad… Algunos piensan que soy un poco ‘bocazas’, pero yo creo que la honestidad es el mejor camino”. 

Fue capaz de tener a una inmigrante ilegal en su casa que estaba amenazada por una mafia. No un par de días… Sino unos meses hasta que la chica pudo desligarse de la misma y casarse.
Titín con sus hermanos Eduardo y Elena

Pero al margen de los mil y un actos de bondad y generosidad altruista que ha tenido en su vida ha sido un ejemplo a seguir. El nexo de unión familiar que ha luchado y ha vivido para mantener a su familia siempre unida. Ha sido el único que llamaba a la familia por su cumpleaños, el que cada vez que visitaba España nos llamaba y hacía por vernos, con el que me enviaba mensualmente e-mails y con la llegada del Whatsapp nos escribía, semanal o quincenalmente, aunque sólo fuera para vacilarnos, para enviarnos un enlace de una canción, o para interesarse por nosotros… Dejo la última canción que me envió, la cual siempre será una de mis favoritas… No sólo porque me la envió él, sino porque es precioso lo que dice. 


A mí, particularmente, cuando estuve en Bruselas visitando a mis (primos) hermanos con 14 años, me enseñó (junto a Elena, su hermana y mi prima querida) a conducir, me llevaba a jugar al fútbol y al tenis, me sacaba por la noche haciéndose responsable de lo que me pudiera pasar, me dejaba dormir con él (en su cama) porque la alternativa que había era un sofá, puesto que era verano y la casa estaba a tope… En resumen, ha sido siempre una de las personas más generosas y cariñosas de las que he conocido. Con un corazón que, de verdad, no le cabía en el pecho. 

Titín junto a sus hermanos: Marián, Eduardo, Marcos y Elena
Cuando tenía 18 años tuvimos la boda de su hermana Marián, allí estuvimos disfrutando de tal evento familiar; y después nos fuimos una semana de viaje por Europa los 2: Luxemburgo, Bruselas y Amsterdam… Seguramente tod@s l@s que hayáis tenido un hermano mayor que os haya hecho caso y se haya interesado tanto por vosotr@s, sabréis de lo que hablo. Yo tenía un sentimiento de “soy mayor”, sentía mucha alegría de sentirme valorado, querido e importante para alguien a quien yo admiraba enormemente… No sólo eso, sino que para mí iba convirtiéndose en un referente, en un modelo a seguir, en un espejo en el que mirarme y en el hermano mayor que (junto a sus 2 hermanos y 2 hermanas), por libro de familia, nunca tuve. 
Titín junto a nuestros primos Katia y Pablo

De verdad digo que, aunque parezca mentira, todo lo que pueda decir de él es poco. Su generosidad (no sólo a nivel material, sino también en el aspecto afectivo y emocional) ha sido uno de los aspectos que estoy convencido de que todos los que le conocen, resaltan de él. Siempre pendiente de las personas que menos capacidad económica tenían, siempre dispuesto a dar, a invitar, a hacer lo que estuviera en su mano para hacer felices a los demás… Un espíritu y un corazón altruistas donde los haya y una bondad y sonrisas inigualables.
Titín y yo, hace alrededor de

14 años.

Lo peor de todo ello es que él también ha sufrido. Para que su pobre corazón no pudiera más, es evidente que algo muy profundo y doloroso llevaba consigo… Quién sabe qué factores habrán influido más. Pero la principal deuda que yo siento para con él es esa: no haber visto que, sin pedirlo, estaba pidiendo a gritos cariño. Solo en Bruselas… Sin familia (de sangre)… Sin demasiada gente con quien poder compartir una cerveza, un partido de tenis o un buen paseo junto a su perrita Chucky… Ahí es donde más siento yo mi parte, primo. Eso es lo que más me va a costar superar: no haberlo visto, no haberte escuchado con el corazón, en vez de con la razón. No haber sabido identificar que detrás de tu inmensa sonrisa, detrás de tantas ganas de hacernos reír a los demás, se escondía un sentimiento de tristeza y soledad. 


Por ello te pido perdón. Porque hoy cambiaría todo lo que tengo por poder disfrutar de ti un día más. Un día entero, en el qué seguro que debería estar esperándote 1 o 2 horas por tu impuntualidad, pero lo haría sin dudarlo. Simplemente para compartir contigo 1 solo minuto. No para hacer grandes cosas, simplemente para abrazarte, para acariciarte y para decirte que te adoro, que eres el mejor hermano, primo, padre, hijo, sobrino, nieto… que se puede tener. 

Titín rodeado de l@s pequeñ@s de la familia
Simplemente puedo prometerte que tu recuerdo no se borrará jamás, que una pequeña parte de ti vive en todos y cada uno de nosotros: de todos aquellos a los que nos hiciste felices con tu presencia, con tu alegría, con tu sonrisa, con tu bondad, con tu generosidad, con tu dulzura, con cada gesto y con cada mirada… Y que esa pequeña parte que todos tenemos tuya, hará que permanezcas entre nosotros hasta que podamos reunirnos de nuevo contigo y podamos recordar todos los momentos compartidos a tu lado. Porque nos hiciste felices, porque fuimos ciegos teniéndote delante, porque has sido el mejor de todos los que aquí quedamos. Y porque te quiero muchísimo, porque has sido, eres y siempre serás, mi hermano mayor. Muchas gracias. Hasta siempre. 
Eba, la hija mayor de Titín poniéndo un pétalo diciéndole "hasta siempre, Papá"